lunes, 2 de noviembre de 2009

Y llegó

Todavía me acuerdo del día en que el señor Alfonso me puso el medallón de Jesús Nazareno en la Iglesia de San Juan, y como sonrió cariñosamente y me dijo: “¿Ves? Todo llega” Tantas veces le había dicho que deseaba que llegase ese momento, con la impaciencia de un niño. Esa es una de las frases que me han ayudado en mi vida, con los estudios, el trabajo... Y llegó el día

Cuando era pequeño, mi abuela me llevaba a ver la procesión del Espíritu Santo a la Calle de la Vega, me acuerdo como si fuera ahora mismo, para ver a los frailes con las antorchas acompañar a “su” Cristo camino de la Catedral. La atmósfera era realmente sobrecogedora y el olor a incienso ayudaba en ese momento a crear un ambiente muy diferente.

Recuerdo que el Domingo de Ramos subíamos por la Calle del Riego corriendo los dos para oír los tambores y cornetas de la Cruz Roja, que vestidos de militares, hacían temblar la ropa sobre mi cuerpo y mis latidos del corazón se ponían a Marcha Lenta. “.. Atentos, de frente, marcha lenta…….¡¡¡Ar!!! Trruumm tu tu tu tu tu tu truuummm… Cuantas veces le hice ver la procesión en Santa Clara, en la Plaza Mayor, y en la entrada del Museo, de la cual yo nunca quería irme, y le insistía en que yo quería ver más. Y le tocaba entrar en el Museo para que yo viera los Santos. La verdad es que tiene su nosequé gracioso cuando lo pienso ahora. Me contaba historias de antaño, de cuando tenía 12 años y venía a servir a Zamora, y acudía con sus primas a tomar las sopas de ajos y ver la Reverencia en la madrugada de Viernes Santo. Me contaba cómo recordaba los sonidos del Merlú y ver “bailar” los pasos en la Plaza Mayor, mientras el Cinco de Copas se ponía en paralelo con La Caída, y los pasos se paraban para ver cual de los dos aguantaba más así. Sin duda, la madrugada ha sido, es y será un espectáculo en todos los sentidos. Dicen que “quien ha vivido una madrugada en Zamora, queda atrapado para siempre en ella” Bueno no sé si lo dicen o lo digo yo, pero pienso que así es.

Y llegó aquella llamada de Luís hace ya tiempo, llegó un Viernes de Dolores, para decirme que me esperaba ese jueves debajo de El Prendimiento. Yo ni me lo creía, pero allí me presenté y me vi debajo de aquella mole con olor a madera y tacto duro en los hombros y empecé a sentir un cosquilleo especial allí en la boca del estómago que es donde se van las emociones, y sobre todo, cuando por una rejilla vi a mi abuela que había subido a verme y le paré el paso. Tiempo después me contó que en ese momento lloró lo que no estaba en los escritos de emoción. “Marcelino... ¿Podemos parar? Gracias hermanos” Eso fue lo único que dije el primer año que cargué en toda la procesión.

Y llegó otra madrugada en la que me vestí de negro, con ese traje que tiene un olor especial, y cogí mi tambor para pasarme toda la mañana ruflando. A veces pienso que si empieza la procesión otra vez cuando acababa, sería capaz de volver a pasarme redoblando otras 6 horas con Rubén, Gelete, Zamorano, Javi, Paco, Gabi, Yosu y toda esa gente con la que tanto frío pasé para diluirlo en unas pocas horas.

Y llegó Fernando y me enseñó tantas cosas de Semana Santa, pero sobre todo de la vida, y me propuso hacer cosas nuevas, me propuso escribir. Gracias a él he descubierto el teclado del ordenador...Se juntó Alberto con su cabeza muy fría y templó las nuestras para ayudarnos.

Y llegó esa llamada, llegó ese mensaje, llegó tu voz a mí, y las cosas empezaron a funcionar

1 comentario:

Tarso dijo...

Como casi siempre. No. Siempre se me hace un nudo en el estómago cuando te leo. Al instante se me vidrian los ojos y tengo que contener la emoción; algunas veces tengo que esconderme, si lloro.